Hoy terminó nuestro secuestro. Al principio, la anciana que nos dio refugio parecía bondadosa, pero habíamos caído en su trampa. Encerró a mi hermano en el corral y me obligó a alimentarlo y trabajar duramente hasta el día de nuestra ejecución programada para hoy. Esta mañana, la anciana se inclinó sobre el horno para comprobar la temperatura y, aprovechando su descuido, la empujé y la dejé morir calcinada. ¡Somos libres! Ahora solo espero que los pájaros no se hayan comido las migas de pan que mi hermano Hansel fue dejando por el camino y así poder regresar a casa con papá.
ILUSTRACIÓN: Jesús Román
