Los niños intentaron acorralarme mientras me insultaban y me tiraban piedras. Huí despavorido mientras pensaba que ojalá fuese un caracol para no tener que decidir si soy un chico o una chica.
¿Sabías que los caracoles son hermafroditas?
Mientras corría, la humillación brotaba de mis ojos bicolor. Odiaba ser el diferente. Llegué a casa exhausto y al tiempo que cogía aire y me intentaba sacar el miedo del cuerpo, en la tele había un cantante vestido de forma muy ambigua que decía ser un alienígena. A pesar de sus pintas tan extravagantes la gente lo adoraba. Nadie lo humillaba y eso que también tenía un ojo de cada color, como yo. De repente algo hizo clic en mi interior y me sentí menos bicho raro, comprendido, incluso más fuerte. Había gente como yo en el mundo. No estaba solo. Ese fue el día que gracias a David Bowie comprendí lo importante que es tener referentes.
Texto: MIGUEL G.
Ilustración: Jesús Román
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