Tuve la suerte de vivir esa valiosa etapa de inocencia y espontaneidad a tu lado, donde la imaginación era inagotable y la curiosidad por el mundo que nos rodeaba era insaciable. Cuánto añoro esa capacidad de sorprendernos y maravillarnos con las cosas simples, sentir la fascinación por los cuentos fantásticos, experimentar con enorme asombro y admiración el mundo natural, la espontaneidad y la libertad de vivir el momento presente sin preocupaciones por el futuro. A pesar de los años transcurridos, seguimos siendo los niños de siempre. Cuánto te echo de menos, hermanito. Y los niños siempre decimos la verdad.
TEXTO: Jesús Román