Cuando Homo sapiens, acabó con los recursos naturales, intervenimos con extrema urgencia. Comenzó la transformación. Fue fácil acabar con la especie dominante. Le inyectamos una bacteria a uno de ellos y en cuestión de meses el Homo sapiens desapareció. Desde nuestras naves, lanzamos semillas ayudando al planeta a renovar sus zonas forestales. Limpiamos el medio marino de basura e implantamos las especies de animales que desaparecieron en la última etapa planetaria. Hoy lanzamos una nueva especie humana. Aparentemente igual que la anterior con una pequeña mejora: llevan incorporados dos corazones.
El izquierdo para latir.
Y el derecho exclusivamente para amar.
© Jesús Román