Cada día espero su llegada. No tarda en aparecer de la nada acompañado del cuervo. Arriba, sentado sobre el cable que cruza el patio, escondido tras el periódico, finge no verme, aunque yo sé que sí. Oigo su voz profunda y hueca con claridad. Me regala acertijos y paradojas para las que nunca hallo respuestas: “¿Puede una mentira ser cierta si nadie la duda?”, fue la de ayer. Se esfuma justo en el momento en el que me tomo la medicación. El viento me trae una hoja de periódico. Leo: ¿Dónde van las cosas que no llegaron a pasar?
© Jesús Román