Tras discutir con mi jefe de planta, me destinaron a la sección de oportunidades junto al parking. Cambié la elegancia de la Planta de Caballeros por la soledad del destierro para vender relojes de pared que retrasan recuerdos, paraguas de lluvia ácida, y modelos humanos descatalogados.
El de hoy llegó sin caja original, aunque conserva buena estructura. Su tara está en su conversación: solo dice tonterías inútiles. Sirve perfectamente como marido o cuñado. Le acabo de poner la etiqueta y estoy seguro que a mitad de precio, algún desesperado se lo lleva antes del cierre.
El de hoy llegó sin caja original, aunque conserva buena estructura. Su tara está en su conversación: solo dice tonterías inútiles. Sirve perfectamente como marido o cuñado. Le acabo de poner la etiqueta y estoy seguro que a mitad de precio, algún desesperado se lo lleva antes del cierre.
Jesús Román